El sector aviar en estado de alarma

El confinamiento y el cierre de fronteras y establecimientos de hostelería, restauración y cafetería por la acción del coronavirus tendrá una incidencia negativa en el sector de las aves catalán y estatal. Desde Unió de Pagesos podemos diferenciar dos etapas bien diferentes. La primera coincidiría con el momento de confinamiento y declaración del estado de alarma: se caracterizó por un mantenimiento del consumo y, incluso, un cierto incremento de demanda que compensó el cierre de comedores escolares, restaurantes y cafeterías. Esta euforia inicial, donde mayoritariamente la demanda superaba la oferta cambió de signo con la llegada de la Semana Santa. En este punto, debido a que los canales de hostelería y restauración continuaban cerrados y que las empresas aún no habían tenido tiempo de regular las entradas, se acaba traduciendo en un exceso de oferta, lo que provoca el retraso de los sacrificios y el aumento del peso de los pollos en la granja, hasta el punto que se hunde el precio. La previsión es que a partir de la próxima semana se empiece a normalizar el peso de los pollos en la granja.

A la problemática de comercialización, hay que añadir diversas realidades, que realmente ayudarán a complicar más la situación en Cataluña. A la retirada del grupo Sada del ámbito territorial de Cataluña, que ha dejado granjas de engorde vacías desde hace una tiempo, se han sumado las granjas de recría y reproductoras que, a la entrada de la manada, les avisan de la finalización de contratos. Esto provocará, seguro, tensiones en el sector productor. Tampoco ayudará las integradoras pequeñas que no tienen matadero, y van a remolque de las otras empresas, que han visto como los sacrificios ralentiza. Hay que decir que en este momento de crisis las grandes empresas se han mostrado muy activas y, en muchos casos, han ayudado a los pequeños, ya sea cediendo los mataderos, para sacrificar, como ayudante en la congelación de las canales. A todo esto se añade la dificultad de exportación de huevos para incubar por el cierre de fronteras.

Así pues, en esta segunda fase y a medio plazo es donde se vislumbra un problema estructural. El exceso de oferta de plazas, tanto de engorde como de reproductoras, provocará que alguna granja que se haya quedado obsoleta tenga problemas para continuar trabajando. Aunque estoy convencido de que los integradores no reducirán capacidad, y sí que se verán obligados a reducir densidades y, posiblemente, alargarán los vacíos sanitarios para adecuar la producción. Esto producirá una bajada de los márgenes netos de las granjas y, en algún, caso representará dificultades para continuar con la actividad. Así pues, lo que toca hacer ahora es estar alerta ante abusos de las integradoras y sumar el esfuerzo de todos para salir bien parados.

Artículo publicado en Mundo Rural de Jordi Armengol, responsable de Sectores Ganaderos de UP (miembro de la Junta Directiva del GAP Cooperativa)

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